El jinete pálido
por Cobra.
Hubo un tiempo y un lugar donde el predicador, una persona recta y generosa guiada por la fe recorría su incierto sendero dispuesto a prestar ayuda. En ocasiones por propia voluntad pero otras por ser un alma atormentada buscando su redención. Una vida carente de lujos y de ataduras incapaz de callar los demonios interiores, un hombre que ha conocido la muerte y cuyo temor a sí mismo es superior a cualquier amenaza. El que puede marcar la diferencia y sólo las plegarias o la providencia podrán hacerlo llegar en el momento más indicado.