Miedo y asco en Las Vegas
por Cobra.
Las drogas son peligrosas, se apoderan del cuerpo y la mente produciendo extrañas sensaciones. Ya sea la casualidad o el destino pero alguien se aventuró a describir los efectos de combinar tantas sustancias posibles e iluminarnos. Cuando has sobrepasado todos los límites posibles hay que inventarse unos nuevos, o si no, dónde está la diversión.
El polifacético Terry Gilliam ha demostrado a lo largo de muchos años su talento en muchos ámbitos, sobre todo como actor, humorista, guionista y director. De ahí que su fama nunca haya sido efímera y tenga adeptos procedentes de las más dispares vertientes, desde los más aférrimos fans de los Monty Phyton hasta los amantes de películas raras e introspectivas como Brazil o Tideland. Claro, cuando alguien así te muestra una película como Miedo y asco en las vegas, cuya definición podría ser “una serie de gags y situaciones bajo los efectos de diversas drogas”, te cuestionas de donde surge su inspiración y su chispa. Aunque sea broma, cuando un director muestra un interés especial por un guión, es porque se siente capacitado y adecuado para llevarlo a cabo ¿no?
Miedo y asco en las vegas, un título que es difícil encajarlo con lo que se ve en el film, porque, ni miedo ni asco oiga. Aunque la trama sea simple, lo realmente complejo es captarla sin conocer nada de la novela de Hunter Thompsom que la inspira, ya que comienza directamente del nudo, sin explicaciones y apenas sin introducción, todo parece confuso. De hecho es un gran paralelismo con la propia acción de tomar drogas, el espectador piensa a todas luces que la intención de Duke y Gonzo es drogarse todo lo que puedan en el menor tiempo, pero existía un objetivo inicial antes de perder la cabeza. Para ellos y los espectadores el tiempo se ha relativizado, la percepción del mundo esta bajo influencias que nos alejan de la realidad, vamos a toda velocidad, ellos drogados y nosotros parcialmente engañados, magnífico.
El espectador es sometido constantemente a esa deformación del mundo que sufren los personajes, ven monstruos, oyen sonidos inexplicables, sufren paranoia, desconcierto, pasan del sudor frío al calor más soporífero en segundos. La cámara realiza esos viajes vertiginosos al no poder enfocar bien la vista en algo que parezca a todas luces real. Aunque gracias a dios sin el horrible efecto “cámara en mano” tan de moda últimamente. Tantos tipos de drogas y tan diversos efectos, un viaje por todos ellos siendo espectadores en una montaña rusa sin cinturón de seguridad y prácticamente sin ruedas que apoyar en los raíles.
La película es en sí una secuencia confusa de acciones, matizadas y comentadas todas ellas desde la perspectiva de Duke como un narrador que a posteriori revisa todo lo que ha hecho. Los protagonistas te pueden caer mal o te pueden caer muy bien pero, desde luego, lo que no puedes es tomarlos en serio ni física ni humanamente, no creo que nadie pueda sobrevivir a esas experiencias afrontándolas como lo hacen, si bien es lógico pensar que la mejor manera de disfrutar y entender la visión de esta película es estando colocado. Si la ves como una crítica social estás en lo cierto, si la ves como una inconexa comedia, también.
Los numerosos cameos de grandes actores y actrices como Cameron Díaz, Tobey Maguire, o Christina Ricci junto a una banda sonora de grandes éxitos clásicos complementan la gran fortaleza en la interpretación de Johnny Depp como Duke y Benicio del Toro como Gonzo. Demostrando talento y además sorprendentemente credibilidad. Vale que a Johnny Depp los papeles con muchos gestos y expresiones le van al dedo, pero a Benicio no es común verle en un papel así, y lo clava. Cuando reflexiona en el Tio Vivo en pleno bajón, resulta una oda a las numerosas noches que tras el botellón mucha gente se siente abatida, frustrada y con ganas de huir cuanto antes del lugar.
La fidelidad de esta película con la novela parece a todas luces aceptable, abordable desde muchos puntos de vista puede que sufriese de parecer una crónica sobre el consumo de drogas, no llegando a captar ni pizca de espíritu crítico, lo que se reflejó en una recepción no muy meritoria. Pese a todo ya sea por el subrealismo de algunas escenas o por el ilimitado desenfreno de los personajes, esta cinta contiene momentos excepcionales, algunos sublimes, irracionales y rozando muchas veces la tragedia. Una obligada visión para los amantes de películas nada convencionales y ahí quedan incluídos los fans de Terry Gilliam. Recomendada.
Un descapotable rojo a toda velocidad por el desierto de Nevada. El trepidante comienzo de la película, pero no para Duke y Gonzo, ellos ya van lo suficientemente borrachos y colocados. Su misión es cubrir un evento de carreras de motos en el desierto, pero ésto es una especie de excusa para que ellos dos puedan hablar abiertamente del asesinato de un periodista, que fue abatido durante una manifestación en contra de la guerra de Vietnam. Para no levantar sospechas en Los Ángeles por la información que Gonzo conoce, deciden hacerlo en el ambiente menos hostil y más permisivo de Las Vegas, claro que para ello llevan consigo una buena cantidad de drogas para disfrutar del viaje, hay que estar preparados.
A partir de ahí comienza la locura, el autoestopista que tras recogerlo intenta por todos los medios escapar del coche. La llegada al hotel hasta arriba de ácido con la cara de Johnny Depp compungida por la extrañeza, la paranoia, con el cigarro roto y apagado, impagable su gesto mostrando el miedo y el agobio en estado puro. Su experiencia por el bar mientras esperan que su habitación esté preparada no fue nada mejor, ver una orgía de lagartos devoradores de carne nunca es una experiencia agradable.
Después de eso había que aparentar formalidades, cubriendo la carrera pero hasta arriba de alcohol, aunque con tanta tierra y polvo las alucinaciones te hagan pensar que estás en una auténtica guerra. La música de Apocalipsis Now es el bordado excepcional a la cara de especticismo de Duke. Una vez de noche acuden a un concierto donde duran menos de diez segundos antes de que los echen, hasta que la providencia les lleva directamente al más grotesco y deformado casino de Las Vegas, el Bazooko donde se toman al pie de la letra el show circense. La entrada colocados de Eter es posiblemente la escena más cómica de toda la película. No es un ambiente muy favorable y Gonzo empieza a sentirse mareado, su bajón le está afectando y en ese estado bajarse de un Tio Vivo no es nada fácil.
La escena del ascensor, el ridículo intento de suicidio de Gonzo, la reflexiva historia de Duke siendo joven y tomando LSD en un mundo que transcurre a cámara lenta y donde los prejuicios no estaban a la orden del día. Esta última es quizás la parte que aporta algo de sentido a tan caótica secuencia de escenas. Al día siguiente Gonzo ha desaparecido y Duke decide largarse sin pagar su exagerada cuenta, lo que convierte la situación en una frenética huida, menos mal que sabe cómo tratar a la policía, un momento hilarante.
Pero no acaba ahí la cosa, Gonzo le tenía deparada una sorpresa, una reserva en un hotel de lujo, había que volver a Las Vegas. Pero como Gonzo no se cansa de acumular problemas aparece con Lucy(Christina Ricci), enamorada de Barbara Streisand, sí, parece que los desestabilizados se juntan con los de su clase como si de un imán se tratase. Como no están para más trotes la abandonan y con cierto cargo de conciencia llega el subidón total, la mezcla de Adenocromo con coca, que vete tu a saber lo que eso. Es la gran ola. Tras lo cual algo muy gordo parece haber sucedido.
Todo es caos y destrucción, Duke trata de escribir las últimas palabras de lo que ahora es un reportaje extenso o prácticamente una novela. Su amigo ha perdido los papeles, desde amenazar a una camarera hasta asaltar a la mujer de la limpieza, había que llevarlo al aeropuerto y dejarlo ir a toda costa. No hay más reglas que quebrantar ni nada sagrado que no hayan profanado. Es el final de la aventura y han sobrevivido. La experiencia seguro que ha merecido la pena y el viaje, si hay alguna forma de narrarlo, debe estar en la cabeza de Duke. Una excelente crónica, una excelente crítica al consumidor que aguarda en el mensaje final, el sueño americano no es fácil de conseguir y menos con estos medios. Aunque, sí parece que se pueda fingir un poco. Es la búsqueda del placer a toda costa sin morir en el intento.
Raoul Duke: (narrando) Había malas vibraciones, pero por qué ¿no había comunicación en el coche? ¿Nos habíamos degradado al nivel de animales irracionales?
Raoul Duke: ¿Sabes que ese hombre que conduce es mi abogado? No es un chalado que encontré tirado por ahí, es extranjero, creo que es de Samoa. Pero no importa ¿no? ¿Eres racista?
Autoestopista: Señor, que va.
Raoul Duke: Es lo que creía, y a pesar de su raza es un tío muy valioso para mí.
Raoul Duke: (narrando) No podía recordar. El nombre me sonaba pero no podía concentrarme, pasaban cosas horribles a nuestro alrededor:
Raoul Duke: ¡Agh! Pide zapatos de golf o no saldremos de aquí con vida, menudo barrizal tío, como resbala.
Raoul Duke: Hay una enorme máquina en el cielo, una especie de serpiente eléctrica que nos ataca.
Dr. Gonzo: Dispárale.
Raoul Duke: Aún no, cuando sepa sus hábitos.
Raoul Duke: (narrador) Oh, el éter del demonio, hace que te comportes como un borracho de pueblo de una novela irlandesa: pérdida total de las habilidades motrices, falta de equilibrio, visión borrosa, lengua pastosa, la mente recula con horror incapaz de comunicarse con la espina dorsal. Lo cual es interesante porque puedes verte actuando de esta forma terrible pero no puedes controlarlo. Te aproximas a la entrada y sabes que allí debes darle dos dólares al tío o no te dejará entrar. Pero cuando llegas todo va mal. Un turista te empuja y tú piensas ¿Qué pasa aquí? ¿Qué es esto? Y te oyes decir a ti mismo
Raoul Duke: Si un perro te jode no es por culpa mía.
Raoul Duke: El éter es una droga perfecta para Las Vegas, aquí adoran a los borrachos. Son carne de cañón. Así que hacen pasar por el torniquete y te sueltan dentro.
Raoul Duke: Cuando uno está alucinando aprende a no asustarse al ver cosas como a su abuela muerta tirándole de una pernera, pero nadie tendría que aguantar este espectáculo, el Bazookoo es a donde iría la gente un sábado por la noche si los nazis hubieran ganado la guerra. Esto era el sexto Reich.
Raoul Duke: Una de las cosas que aprendes al tratar con drogatas es que puedes darle la espalda a una persona pero nunca se la des a una droga, sobre todo cuando te ponen una navaja ante los ojos.
Raoul Duke: Pocas personas saben como tratar a un policía de tráfico, el que sobrepasa el límite de velocidad le entra pánico y para, es un error, sólo gana el desprecio del poli, haz que el cabrón te persiga y lo hará, pero se liará si pones el intermitente de tu derecha cuando sólo buscas un sitio donde hablar. Él no sabra que harás un giro de 180º a toda pastilla, pero tú estás preparado para pisar freno y acelerador.
Raoul Duke: (narrando) Por supuesto yo oía lo que el recepcionista estaba diciendo.
Recepcionista: Escucha atentamente asqueroso rapado de mierda, yo diría que alrededor de unas cien veces me han jodido policías de mala leche, hijos de puta cornudos como tú, y ahora es mi turno.
Raoul Duke: Vale escucha, dentro de unas horas estará bastante cuerda para sentir una especie de ira religiosa basada en el vago recuerdo de haber sido seducida por un gordo y cruel Samoano que le dio alcohol y LSD, ya llevó a un hotel de Las Vegas, y la penetró salvajemente por todos los orificios de su cuerpo con su palpitante miembro no circundado.
Dr. Gonzo: Que mal suena eso. Es agh ¡Agh! Es agh ¡Agh!
Lucy: Esos dos hombres me dieron LSD y luego me llevaron a un hotel, no sé que es lo que me hicieron pero recuerdo que fue horrible.
Juez: ¿Qué te dieron?
Lucy: LSD.
Juez: Castración. Doble Castración. Cerdos asquerosos.
Raoul Duke: (narrando) Qué clase de puta rata psicópata pondría esa canción en este momento. Cuando me recuperé el ambiente de la habitación era el de un estercolero, estaba hecha una mierda ¿Cuánto tiempo estuve tumbado? Todos esos signos de violencia ¿Qué había pasado? Allí había evidencias de consumo excesivo de casi todas las drogas conocidas por el hombre desde el 1544 AC.
- FICHA TÉCNICA
- Director
- Terry Gilliam
- Guionistas
- Hunter S. Thompson | Terry Gilliam
- Año
- 1998
- País
- USA
- Reparto
-
- Johnny Depp - Raoul Duke
- Benicio Del Toro - Dr Gonzo
- Tobey Maguire - Autoestopista
- Ellen Barkin - Camarera
- Gary Busey - Policía
- Christina Ricci - Lucy
- Mark Harmon - Reportero
- Cameron Diaz - Reportera
- Katherine Helmond - Recepcionista del Hotel Mint
- Michael Jeter - L. Ron Bumquist
- IMDB
- (7.6/10)
- FilmAffinity
- (6,8/10)

#1
Cristalescrito - 08:36
Nada, de nada, sabía de está película, si habla de cámara en mano, Rec, y de drogas, Requiem por un sueño, espero esté a la altura de ambas.
Abrazo
#2
Cobra - 11:11
Jeje, buenas Cristalescrito, toda la película va de drogas, pero para nada en el tono de Requiem por un sueño, a diferencia de las ganas de suicidarte que te entran con ésta, en “Miedo y asco en Las Vegas” te reíras y como mucho tendrás ganas de tomarte algo contra el mareo. Y mi comentario sobre la cámara en mano, es que la sensación es paulatina y suave, no como REC o Cloverfield y su exagerado movimiento.
Ya me contarás si la ves.
Un saludo y gracias por comentar.
#3
McClane - 20:08
Una vez lei una crítica en algún lado que decía algo así como: “¿Me encanta? ¿La odio? No lo sé… Es una rayada y punto.”
Creo que define muy bien lo que se puede sentir al ver esta película tan peculiar. Hace tiempo que la vi, pero recuerdo que me descojoné viendo como andaban Benicio y Johnny cuando se metían éter. Jajaja.
#4
Cobra - 11:21
Me gusta, define muy bien la sensación que te queda después de verla.
La escena del éter y cuando Duke despierta en la habitación del hotel después de tomar el Adenocromo son grandiosas, de esas que te hacen pensar que experimentar con esas sustancias podría no estar mal.